Aumentan los casos de violencia machista

Su mensaje suele ser ambiguo e impreciso; con ello consigue generar confusión y recurre a negar lo dicho para así eludir los reproches, al tiempo que se abstiene de terminar sus frases, utilizando alusiones y enviando mensajes sin comprometerse realmente. Utiliza la mentira, pero no de una forma directa; más bien prefiere usar un conjunto de insinuaciones y silencios que generen un malentendido siempre en su propio beneficio.

Teme sobremanera la omnipotencia que imagina en los demás porque esto le hace sentirse impotente. No es un enfermo, aunque su comportamiento sea enfermizo, y proyectar todo lo  malo que hay en su interior sobre alguien cercano,  le ayuda a llevar mejor la pesada carga de su propia vida y le garantiza una cierta estabilidad y equilibrio.

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En un registro casi delirante, desconfía de los demás y les atribuyen una malevolencia que no es más que una proyección de su propia maldad. Si este mecanismo resulta eficaz, el odio que dirige hacia un blanco al que convierte en presa es suficiente para aplacar sus tensiones interiores, lo cual le permite mostrarse como una compañía agradable en otros lugares, porque como decimos, le proporciona un gran equilibrio emocional.  Esto explica la incredulidad de las personas que se enteran de las acciones perversas de una persona cercana que hasta ese momento sólo había mostrado su lado positivo.

“En su lógica perversa no existe la noción del respeto a la otra persona.”

Se defiende a sí mismo negando la realidad de la realidad, negando hasta lo más evidente sin que ello le cause ningún pudor. Elude el dolor psíquico transformándolo en negatividad. Esta negación es constante y afecta incluso a las  cosas de la vida cotidiana, aun cuando la realidad demuestre todo lo contrario. Excluye de sí mismo el sufrimiento y la duda. Eso es algo que corresponde a los demás, que según él mismo describe, adopta los rasgos de un demonio o de una bruja.

Impone su dominio para retener a la pareja, pero también teme que esta se le aproxime demasiado y lo invada. Pretende, por tanto, mantenerla en una relación de dependencia, o incluso de propiedad, para demostrarse a sí mismo su omnipotencia. La víctima, inmersa en la duda y en la culpabilidad, no puede reaccionar, no sabe cómo hacerlo.

Magnífico y brillante seductor, puede llegar a apasionarse -aparentemente- con una pareja, con extraordinaria rapidez porque al tratarse de un objeto a su servicio, los sentimientos y conexiones son muy superficiales y no necesita más tiempo.

Al ser incapaz de establecer una relación verdadera, sólo puede crearla en un registro “perverso”, de malignidad destructora. Ofender, dañar o maltratar a su pareja es la mejor  manera que conoce de evitar el dolor propio,  la pena y la depresión.

En él, las decepciones no producen sufrimiento,  producen ira, resentimiento, rencor, y siempre un fortísimo deseo de venganza. Esto explica la rabia destructora que lo embarga cuando tienen que afrontar una separación, una ruptura de la relación. Cuando se siente herido, vencido, derrotado, siente un deseo ilimitado y maligno de obtener una revancha que él considera justa; un rencor inflexible al que aplica todas sus capacidades de razonamiento, sin darse fácilmente por vencido.

Así, podemos ver cómo muestra un gran corazón y, a continuación, unos desaires y desplantes brutales e irremediables. Pasa directamente de la seducción a la destrucción. Los que lo presencian no entienden muy bien cómo alguien puede subir por las nubes a una persona un día y dejarla caer al día siguiente, sin que aparentemente ninguna queja o reproche, ningún hecho medie entre ambas cosas.

 

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