Reflexión contra el egoismo

Hablando el otro día con una mujer mayor, que además era mi jefa, me dijo lo que suelen decir las personas mayores (o no tan mayores): que cada vez la gente va más a su aire y que no es bueno.

Creo que tienen razón y que es un cambio que incumbe a casi todos los ámbitos de nuestra vida, porque cambia el planteamiento de las relaciones con los demás.
Estamos evolucionando hacia la concepción de los “demás” como enemigos. Que alguien se nos acerque es motivo de desconfianza, y para ayudar mínimamente a alguien parece que tengamos que tener una razón, ya que por defecto preferimos pasar desapercibidos y no tener contactos inesperados. Creo que lo que antes era diferente, de lo que hablan los mayores, y que aún existe pero no es lo normal, era el planteamiento de que debemos prestar ayuda porque también la necesitaremos o la habremos necesitado. Buscamos una razón para negarla, porque por omisión la ofrecemos.

egoista
El ejemplo más fácil para ver esto es en los comercios. Me he encontrado en muchas tiendas con el propio propietari@ que te atiende con resignación y te hace tener la clara sensación de que molestas. Conozco a muy buenas personas que cuando trabajan en estos sitios son así. Y realmente les molesta que entre gente. Y más si es antes de cerrar o a la hora de comer. Asumen que sí, pueden ser ellos en otro momento pero que bueno, que ya molestarán a otro.
Luego hay otros dependientes que esperan que haya gente, que el trato con el público les gusta de por sí y que si pueden mantener un poco de conversación, pues mejor. Los anteriores aborrecen la conversación, lo consideran un ataque o algo así (les están pidiendo más de lo que les exige su puesto de trabajo).
En este caso, creo que objetivamente podemos defender la segunda actitud. En primer lugar, la persona que atiende es la que da la imagen más importante de un local, la que te condicionará a volver o no. En segundo lugar, seguramente estará mucho más feliz en su puesto cualquiera en el segundo caso. Y, en tercero, la segunda persona promoverá que el cliente trate mejor a cualquier persona porque se habrá sentido bien tratado y aumentará su confianza en los demás.7
La actitud del primero es muy interesante porque creo que afecta negativamente a muchas cosas importantes más allá de él mismo:

– disminuye su sentimiento de seguridad ciudadana y posiblemente haga que también disminuya entre los que le rodean. Los demás son gente egoísta que solo busca el propio beneficio a costa de los otros.
– aumenta su desafección política. Los políticos también son egoístas y corruptos. Y, lo que es peor, no cree tampoco en que él mismo lo haría mejor, al contrario, ansía un puesto de poder para hacer lo que se supone que hacen todos.
– disminuye las soluciones por cooperación. No está dispuesto a trabajar en grupo y pocas situaciones son suficientemente importantes como para cooperar. La cooperación es de ilusos porque quién tiene el poder lo utilizará en contra tuya. No vale la pena hacerlo.

Pero, para mí, lo peor, porque es lo que le da poder y hace que su planteamiento de la vida se estienda tanto, es que tiene un argumento difícil de desmontar, y es que cómo vas a confiar en los demás, después de todos los ejemplos que pueden poner en que alguien ha hecho cosas por el propio interés. Y los que pongas en contra no valen, porque han sido condicionados por otros intereses egoístas.
Y este argumento provoca que se alegren cuando se producen situaciones, cotidiandas pero no por sí motivo de alegría, en que un político ha incumplido algo, o alguien ha actuado por propio interés en contra de otro.
Creo que este es el veneno del individualismo, que se extiende y sólo se arregla con el mantenimiento de la posición contraria, porque beneficia a todos y creo que mejora mucho la sociedad. Para ello es beneficioso aumentar el trato necesario entre todos nosotros, no irnos aislando en los ordenadores y los propios problemas.

Evidentemente, todo esto conecta y se puede explicar a partir de Hobbes y los “hombres son lobos para otros hombres” pero yo lo explicaría a partir de la teoría de juegos.
Según esta, las acciones de cooperación generan más cooperación y al revés. Pero la paradoja negativa es que, se siga la estrategia que se siga, la no cooperación crea un efecto de no cooperación más grande (se tarda más en volver a la mutua cooperación) que al revés.

Así que se necesita paciencia, amor y constancia, contra el individualismo.

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